Posdata

Nuevos modos de habitar esta ciudad. Los codos gastados en los mesones. La poesía entre copa y copa, tu sombra en Nietzche, tus sonrisas en el Marqués de Sade, el hombre de Vitruvio en tu pared, tu cuerpo en los lienzos. Ráfagas de aroma, sonidos primitivos, un rayo de luz colándose en la noche, tu vaivén y tu pelo.
No me gustabas hasta que me gustaste. La culpa de todo la tuvo el Rodelbann, el olimpo que nos inventaste, la ciudad que pusiste a mis pies. Las estrellas dándote la razón, un planeta opaco reflejando la luminosidad de tus dientes, el mapa del firmamento en tu discurso. El principio de incertidumbre como un augurio. Hasta ese segundo no lo supe. No estabas siquiera en las posibilidades de mis posibilidades. Eras una anécdota.
Los jadeos estampados en la memoria de los tímpanos me atormentan. Me duele la respiración que se acompasa una y otra vez, las palabras que me golpeaban, que me acariciaban la garganta por dentro, que me frotaban las desesperanzas, que giraban como un remolino vertiginoso, chocando con los muros de tu pieza. Me duelen tus preguntas ligeras, la risa acompañándote en el abrazo y las discusiones. Tu acento rotundo, la última letra de cada frase irónica resonando un segundo más del necesario en el aire. Aprendí a imitarlo, pero ahora esa clave no abre más ninguna puerta.
Tus gestos como una constante sorpresa, como el hallazgo de tu humanidad sensible, como el desentierro de una ternura remota. Una flor al borde de la muerte, un chocolate congelado, un poema de Rimbaud poblando la madrugada, unas páginas de Gonzalo Rojas sellando mi pertenencia a tu mundo, una invitación no consumada, un miedo desatado.
Los días como una montaña rusa, queriéndote del modo más precario, radiante, perdida, perdidísima, desorientada sin que me importara porque al fin de mis dedos estaba tu geografía. Y los países que inventamos, y las canciones que cantaste, y las danzas que bailé. Las camas como estación terminal de toda conversación, los teléfonos como una maldición estridente, la gente como testigo inservible de estas ruinas que hoy acaricio.
Los apelativos recién estrenados se fueron, presos en tu saliva, enredados en el filo inapelable de tus pestañas. Pequeño dinosaurio blanco, conjetura imposible, semilla feroz, mordisco quemante, lanza veloz, la caricia más profunda. Pusiste tu cadáver sobre la mesa. De sangre a sangre nos entendimos, nos encendimos, y hoy estoy yo en la superficie helada. No estoy siquiera en las posibilidades de tus posibilidades. Soy una anécdota. Y una palabra que cae temblando desde el invierno.
7 Salenas, treguas y catalas:
Brindaría con Usted ,pero temo que dada mi nacionalidad, la elección del vino desate un incidente de proporciones mayúsculas. He leído por ahí acerca de su naturaleza enfática
Como decías antes, preferible la incertidumbre. A veces hay milagro, a veces no.
Yo también hablo con mis fantasmas dolorosos. A la larga no duelen tanto.
Saluditos, Cortázar estaría orgulloso de usted.
Entonces... llega sigiloso el felino cronopio... estira las oreja y los bigotes... y después de leer se lanza a bailar tregua y catala por los tejados de este refugio...
es una buena tregua la tuya y una excelente catala...
te dejo un ósculo felino de esos que sólo se ven a través de un calidoscopio que los cronopios siempre llevan en su esquipaje...
Saludísimo cronopia!!!
Es verdad. Cuando se tiene el pasado como una pelota al frente de uno, es más reconocer donde uno se cayó o donde cayeron los otros. Creo que por eso los primeros libros de los autores son sobre cualquier tema y los segundo son siempre autoreferente, sobre la tranca, lo que en el tarot sería La Torre.
Me gustó mucho como escribiste.
También estoy reciclando un par de cosas dentro mío. Cuando lo hago, viajo.
más fácil, quise decir.
fue emocionante leerte... desde aquí, entre culpas contruyendo un renacer urgente... ente densas sombras que ponen a prueba constantemente las fortalezas llevadas a su límite.
Besos cronopios.
Ya soy un habitué de este lugar. No miento y, es mas, no podria hacerlo, si digo que este es uno de los lugares mas angustiantes y aliviantes que he leido ultimante. Y eso es bueno. Muy bueno.
Nos leemos
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