El Refugio de los Cronopios


"Los cronopios, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio."

Julio Cortázar

lunes, noviembre 23, 2009

El asombro


La ropa interior no le queda como a las modelos. Ni es millonaria ni se muere de hambre. Tiene un sueño que se parece al de otras muchas. No quiere ser famosa. Nunca la operaron de nada importante. Una vez se le quebró un pedazo de diente. Es un poco miope, pero no se nota. No le da vergüenza su ternura. Prefiere morirse de incauta que de viva. Cuando corre, le duele la rodilla.

Es un ser cotidiano. Justo por eso, su conciencia muliplica el asombro cada vez que la noche la perfila en un abrazo y ella resplandece más que nadie, común y divina.


Cronopio escuchando I want a little sugar in my bowl (Nina Simone)

Y también:
Here comes the sun (Nina Simone)
Exactly like you (Nina Simone)

viernes, noviembre 13, 2009

Frontera

Stencil Graffiti: Bansky

Si tú me ayudas
te prometo no salir a buscarte en los espejos
o en el fondo de la taza de té.


Thelma Navas


No siempre hace falta alambrar las fronteras. No hace falta la prepotencia del acto de fuerza. Amurallar el límite nos delata: es la expresión material del miedo.

Trazar una línea es decir hasta acá se puede sin que sangren los pies; aquí me quedo. Es hacer los contornos del mapa para caminar con menos torpeza el territorio.

Y hacer hola a los que están del otro lado, lidiando con sus propias barreras.

Desahuciar a la violencia. Y asumir la ficción de cada frontera. Aprender que la distancia no es lejanía, que la ausencia puede ser presencia, que no siempre la repetición aburre, que no siempre el silencio es mudo.

Y saber que, a pesar de las convenciones, siempre habrá conejos subversivos dispuestos a saltarse el muro.

Cronopio escuchando Hey You (Pink Floyd)

lunes, noviembre 02, 2009

Pájaros (III)


Dice que los pájaros vienen a estrellarse contra el vidrio, en su balcón.

Que los encuentra muertos a veces, y los barre.

Que los oye desde la cama.

Vuelan, chocan.

Pero cómo cantarían si un día abriera la ventana y los dejara entrar.


miércoles, octubre 28, 2009

Uno no es ninguno

Imagen: "Don't speak", Benny Martini

"Y desafiando el oleaje, sin timón ni timonel
por mis venas va, ligero de equipaje
sobre un cascarón de nuez
mi corazón de viaje"

Joaquín Sabina


Uno se siente pequeñito y cree reconocer una antigua sensación de fragilidad o de trizadura. Uno no quiere que sea así, uno se lo ha prohibido. Pero uno sabe que se ha arriesgado. Porque uno nunca ha creído que querer sea la isla higiénica que se mira sin desembarcar en la orilla.

Uno sabe que la vida es lo que muchos dicen: misteriosa, rara, cabrona a veces, casi siempre sabia a pesar de uno. Uno lo sabe, pero tiene derecho a hacer un puchero. Uno imagina todo lo lindo que pudo haber sido, uno cree que las circunstancias demasiado a menudo son excesivamente jodidas.

Y uno no sabe adónde va el barquito en el que le ha tocado montarse, uno pierde un remo y rema con el brazo, uno saca con las manos el agua que entra a cubierta, uno ve cómo se llena de agujeros y después, con sol, se rellena la brecha.

Uno no tiene idea. Uno cree que decide y es tan poco. Uno tiene miedo.

Uno no sabe qué permanece. Uno no sabe qué se descascara ni en qué momento. Uno hace esfuerzos sostenidos, uno trata, uno busca. Pero uno no basta.

Uno pide que las cosas sean de otro modo: uno quiere facilitar la propia vida y la estorba. Uno se hace trampas, juega con fuego, se repliega, se niega. Uno se quiere un poquito, de tanto en tanto. Y se rebela.

Uno no quiere jugarse la única carta fundamental a la suerte. Uno no quiere que todo sea un despropósito, sino algo distinto. Uno no sabe verse las cartas.

Uno se queda quieto. Uno cierra los ojos. Uno oye a Camila Moreno cantando que hay cosas que no se rompen (como mi corazón que ama).

Uno no está seguro de que eso sea cierto.


Cronopio escuchando
Hay cosas que no se rompen (Camila Moreno)

martes, octubre 20, 2009

La subversión del sueño

"Te voilà déjà dans mes bras...
Le lit arrive en avalanche....
Sur l'écran noir de mes nuits blanches
Où je me fais du cinéma,
Une fois, deux fois, dix fois, vingt fois,
Je recommence la séquence
Où tu me tombes dans les bras..."

Claude Nougaro



"Estoy en camino", dice el mensaje, a las 4:54. Ella se despierta, se sobresalta. Lee, feliz e incrédula. Oye los pájaros que se desfasan cantando y cierra los ojos, pero no duerme más.

Y luego, entre la bruma, el gato que maúlla, una puerta que se abre, una puerta que se cierra y la quietud. De pronto un rayo de luz le cae en el ojo, ella lo abre y descubre un rostro lleno de risa. Un rostro conocido, esperado, rostro de porfín, acametienes, queganastenía, casicreíqueno. Ahí está.

Ella tiende sus brazos hacia ese rostro, como la niña que es, y él se inclina y la sostiene y la besa suavecito, y no la desnuda ni le rasga la ropa como se podría imaginar por sobreabundancia de Corín Tellado. En cambio, se desnuda él. Y se acuesta junto. Y la abraza y le huele la nuca, porque conoce bien su olor.

Se hace un silencio lindo. En él, cierran los ojos, alegres, los dos.

Y cuando amanece, no se atreve a girarse en la cama, tiene miedo de los cuentos que se cuenta cuando duerme y estira los dedos lento, buscando, y se concentra y piensa despacito: por favor.


Cronopio escuchando: Cinema (Claude Nougaro)

martes, octubre 06, 2009

Pájaros (II)

"Pájaro, me despertaste
pájaro, no sé porqué."

Lhasa de Sela


No, no. A mí no me gustan los pájaros. Al menos en las noches. No me importa si se supone que a esas horas no transitan, si no me quieres creer. Vienen a romperse el cuello, a estrellarse contra los vidrios una y otra vez. Vienen heridos o confundidos, siempre antes del amanecer.

Y tú me preguntas por qué insisto con los pájaros, qué quieren decir. Y yo: pues mira, no sé. Sólo sé que no me los invento, porque anoche volvieron y se supone que yo tenía que derribarlos. Pero no pude, no les disparé. Entonces se lanzaron a la arena y al agua, ahí, a la entrada del mar, como para traspasar la barrera y pasar del vuelo al nado, tal vez.

Al menos ahora tienen alas. Falta que las usen bien.

Te digo que no me gustan cuando oscurece. Son pequeños kamikazes, ¿comprendes? y yo intento detenerlos, abrir los vidrios, salvarlos, hacerlos vivir.

Te has acostumbrado a que yo esté loca en algunas horas del día. Me escuchas en silencio y haces con la cabeza que sí.

Y dices que a veces es tanta la fuerza de lo que sucede, que uno se queda sin elección.

Te creo.

Porque si intento taparme los ojos para no verlos, me vuelvo súbitamente una golondrina o un colibrí.


Dibu: Nicoletta Ceccoli. "Crows".

Cronopio escuchando:
Everybody's gotta learn sometime (Beck)

Y también:
El pájaro (Lhasa)

martes, septiembre 22, 2009

Bichos


Yo una vez tuve bichos. Estaba en el colegio, en quinto, y ellos estaban en la cabeza. Cuando me los descubrió la señora Jo, salí corriendo a la ducha, y me moría de asco de refregarme el pelo. La mamá también. El papá, en cambio, me secó el pelo con una toalla y me dijo que no era tan terrible, que yo era como un ecosistema, que parece que es algo bueno en general, pero no tanto cuando es en los rulos de uno.

Y también he tenido bichos ahí abajo. Es mucho más doloroso que arriba. Mucho más. Te dan ganas de hacer pipí para siempre, y arde tanto tanto que tienes que llorar un poquitito, por más valiente que seas. También dan fiebre. Por eso mi papá no lo encontró tan divertido. Menos cuando volvieron, los bichos. Y cuando volvieron a volver, porque entonces me pusieron en la muñeca una mariposa, que no es un gusanito con alas, sino un coso metálico que te atornillan a la sangre para meterte un líquido que también duele y que, además, a mí me hizo sangrar la nariz. Pero no encontraron nada, parece.

Ahora, por suerte, ya no tengo bichos de ésos en ninguna parte. Aunque la profesora dice que siempre tenemos en un sitio que no puedo decir, pero que eso es "normal". Normal es una palabra muy fea, porque quiere decir "nada especial".

Pero lo que le pasa al loco de la barba sí es espectacular. Dice que tiene unos bichos en la guata, pero que no le hacen mal. La mamá dice que hay unos gusanos que viven en las guatas de algunas personas, y que si uno no se da cuenta de que están, se comen tu comida antes que tú, y tú te vuelves flaquita y triste. Y el loco es flaco, pero no es triste. Se ríe todo el día, incluso solo. Él dice que son los bichos, que lo hacen reír.

Y no quiere ir al médico, el flaco. Quiere cuidar sus bichos de adentro y dice que son bonitos aunque yo no los pueda ver. Él sí, dice. Dice que nada de gusanos, sino unas mariposas acuáticas que le viajan por todo el cuerpo, y que si se descuida, se le escapan por el ombligo. Dice que el que se asusta de esos bichos es porque se olvidó de cómo hacerlos vivir.

Como todos dicen que el loco está loco, yo creí que decía eso de puro ídem. Pero ya no. Porque ayer vi a ese niño chino que vive al otro lado del parque. Y estuvimos conversando y de repente yo hablé algo divertido y él dijo que yo estaba loca a veces, y se rió con sus ojos chinos. Y me abrazó.

Entonces sentí que me cosquilleaba la panza y me levanté la polera para mirar. Y los dos vimos cómo salía un alita mojada y otra después, y una mariposa naranja lindísima, que me caminó por la piel y después se perdió, volando en la lluvia.

Me toqué el estómago y sentí aletear varias más. El niño chino debe creer que la que se fue es la única que tengo, y es mejor así. Porque pensará que yo ya soy normal y no tendrá susto de que otro bicho salga volando si me toca otra vez.

No diré nada, pero voy a abrazar al loco fuerte-fuerte.

Le levantaré la polera y contaré hasta diez.


Dibu: Red Bubble

Cronopio escuchando Summer (Yann Tiersen)

Y también:
The heart asks pleasure first (Michael Nyman)